Callarse o romper. Obedecer o abandonar el convento. Seguir con sus hermanos franciscanos en el santuario de Aranzazu o irse a un piso, solo. La decisión de José Arregi (Azpeitia, Guipúzcoa. 1952) ha sonado como un mazazo en los campanarios del catolicismo. Otra crisis, otro teólogo que dice basta a los inquisidores. En la otra orilla del conflicto, el polémico nombramiento de José Ignacio Munilla como obispo de San Sebastián, en contra de la inmensa mayoría del clero de la diócesis. Munilla no ha aguantado las críticas y se ha cobrado la cabeza de Arregi en nombre de todas las demás. Entrevistamos al teólogo en medio de un alboroto, desbordado por llamadas de solidaridad y por las críticas.
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